viernes, 14 de junio de 2019

CELOS LITERARIOS Y CELOS EN ZAPATILLAS...






Ayer estuvimos reunidos, como cada Lunes. Y llegué, como cada Lunes, unos minutos tarde, corriendo y al borde de la asfixia, por lo que ya habían empezado, así el tema sobre el que se debatía me cogió por sorpresa: los celos. ¡Ay los celos...!



Lo primero que vino a mi cabeza fue una pregunta un poco friki, cultureta y manida: ¿Que sería de nuestra literatura, nuestra ópera, de la muy nuestra  copla española, de nuestros mitos y leyendas, sin los celos? Recuperado ya de la tontez, reflexioné por territorios trillados. Los celos han sido y siguen siendo, sin duda, fuente de inspiración para artistas, pero también son y han sido siempre el núcleo duro, el meollo, de infinidad de conflictos. Conflictos de pareja, familiares, empresariales y hasta políticos. A menudo trágicos y, a menudo también, disfrazados de otras emociones, de otras motivaciones... 



Imagen relacionadaPero, ¿que hay de esos otros celos más cotidianos, los de casa, esos celos que se sufren en zapatillas? Pues eso: se sufren. No se  experimentan, se viven o se atribuyen. Solo se sufren. Porque los celos, patológicos o no, nunca son una experiencia agradable. Me diréis que existen unos celos naturales, normales, hasta "sanos". Diremos que son parte de nuestra psique: el sentido de posesión. Esto se da entre hermanos, de padres a hijos o viceversa, en el mundo laboral y social.  Cuando el legítimo temor de perder a la persona amada; o el favor del amigo, madre o hermano, compartirla; o simplemente tolerar su independencia, se convierte en fuente de sufrimiento y amargura, podemos decir que los celos han traspasado el umbral de la patología. Es cuestión de grados.

Los testimonios son demoledores, las experiencias terribles y no podemos atribuir claramente quién padece con mayor intensidad las consecuencias. La celotipia -que así la llaman los especialistas- puede coexistir con patologías como el alcoholismo, diversas toxicomanías, depresión y un largo etcétera que forman un cóctel catastrófico y letal. Éstas, a veces, actúan como coadyudante, como desencadenante o como consecuencia. 

Pero ahora, al grano: ¿puede superar un celotípico/a su situación, dejar de sufrir y tener una vida plena y libre? La respuesta es un rotundo sí. Aunque un sí condicional. Y la condición primera y fundamental es el reconocimiento y aceptación por parte del enfermo/a de su problema. Sin este paso previo, nada ni nadie podrá ayudarle -y menos aún a sí mismo/a-. En esto es similar a muchísimas patologías del comportamiento: adicciones, depresiones, etc, en donde la colaboración del enfermo es fundamental. También, como estas, es una enfermedad que afecta gravemente a su entorno cercano, destruyendo familias, parejas y diversos ámbitos sociales, pudiendo llegar a tener fatales desenlaces. Es, otra vez, cuestión de grados. Necesitará, sin duda, ayuda profesional si, tras haber comprendido la situación, queriendo poner remedio, habiendo establecido una comunicación clara, sincera y libre con la persona objeto de sus celos, persiste el deseo de control, las ideaciones delirantes y los característicos "poderes extrasensoriales" de la persona afectada que se resumen en un "...a mi no me engañas, yo sé lo que estás pensando...". Si nada de esto funciona, el celotípico experimentará lo que mas teme -la pérdida de la persona amada- dándose el claro ejemplo de profecía autocumplida.

Pero, ¿los que conviven con una persona celosa, pueden hacer algo? Pues, esta vez, rotundamente no. De lo que se trata es de que la persona se trabaje, supere su inseguridad y asuma gestión de sus emociones. Se le puede apoyar y animar su trabajo, acompañarlo en la búsqueda de ayuda y favorecer la comunicación en la pareja. Lo que nunca podremos hacer es cambiar a la persona ni, mucho menos, cambiar nosotros en su lugar. Y jamás -por el bien de ambos- debemos entrar en el "juego de los celos", ni tolerar actitudes de control, agresivas o de chantaje emocional: ese es un camino que conduce necesariamente al empobrecimiento de la vida de los implicados, incrementando el sufrimiento que se pretende así aliviar. Así que, amigas y amigos, si amáis lo suficiente como para acompañar a esa persona en su camino, ¡estáis de enhorabuena! Porque el Amor, que no es más que amar, es ya por sí una poderosísima herramienta. Amad con inteligencia. Y esto vale para los celos y para todo lo que se os ocurra.

En la foto, una obra de Julio Romero de Torres: "Celos". Una obra terrorífica. La muchacha se ha sentado en un banco tras recoger una fruta del árbol a su espalda. Algo, una visión, la ha interrumpido. La visión, espantosa, la supera y se sienta. Tiene los ojos brillantes y perdidos y, tras ella, se desarrolla la escena que perturba todo su universo. En la mano izquierda sostiene la pieza, clavando con crispación el pulgar sobre su piel. Con la otra mano sostiene una navaja abierta. Y la empuña de manera que no parece la indicada para mondar una fruta. No. Ni siquiera parece que la empuñe ella. Parece que la empuña una negra locura,una sombra de ella misma, y la empuña como herramienta de perdición...











No hay comentarios:

Publicar un comentario