domingo, 26 de mayo de 2019

Thomas Young y los Antonios.


Algunas veces, sin pretenderlo, al buscar una imagen en google, me aparece esta foto que me tomó mi hija, que distribuyó la editorial y que aparece en la solapa de mi último libro. Me veo así, aparecer en los sitios más insospechados y me da cierta sensación de densidad oculta, de contener un secreto que sólo yo conozco. Bueno, yo y la fotógrafa. Alguien dijo de la foto que su autora parecía conocerme muy bien. Y acertó: es mi hija Carmen. De la observación de la foto, “alguien” intuyó una información incompleta, pero veraz. Otros estaban convencidos de que me la había hecho ex-profeso alguien del departamento gráfico, porque era lo normal.  Lo más curioso es que, yo mismo, observando mi propia foto, también “intuyo” realidades ocultas de mi propia persona, pero también me sitúo en la perspectiva de otros observadores, “presintiendo” también sus percepciones sobre mí. Al fin y al cabo todos somos observadores observados. En este caso, en una filigrana intelectual, me coloco en la posición de observar al observador que me observa…
Pero es importante no pensar a priori que la foto me la hizo alguien de la editorial porque “es lo lógico”, “lo normal” o “lo de siempre”... De hecho, nadie sabe -hasta ahora- que tras esa foto, se encuentra una mañana deliciosa, junto a mi hija pequeña -la fotógrafa- y mi pareja. Una mañana de paseo sosegado, de complicidad profunda y de proyectos. Una mañana de poner sobre la mesa nuestros sueños y elegir los más estimulantes para vivirlos cada día...

Veréis. Hace poco he oído una situación que se da en un pueblo de Alicante. Resulta que en las elecciones municipales alguien se percató que, desde 1950, todos los alcaldes de esa población se llaman Antonio. 15 alcaldables de todos los partidos ha tenido desde entonces y todos se han llamado Antonio, y esto, amén de cierta inquietud, me aporta material del que extraer algunas conclusiones. Por ejemplo, que para ser alcalde en Alicante hay que llamarse Antonio. La experiencia y tradición así lo demuestran en este caso. Si el azar -o la preferencia de sus vecinos- sigue insistiendo en la “antoñización” del municipio, seguro que tras unas generaciones, ya tendríamos sesudas tesis doctorales que resaltarían la incuestionable importancia del nombre de pila para el ejercicio de cargo público. Por supuesto, habrá surgido una plataforma de afectados por la elección de nombre de pila que hicieron sus padres: “todos podemos ser Antonio”.  También habría quien sostuviese lo contrario y reclamase una regulación estricta al uso del nombre de Antonio. Así somos.
Muchos de los que pasáis por aquí sabéis -como yo- de lo que estoy hablando: de prejuicios. Pero no de personas, no, sino de prejuzgar la realidad. Queremos que la realidad encaje en nuestros estrechos cajones mentales, que quede todo clasificado y etiquetado, y nos frustramos porque la verdad, al igual que el tiempo, no se deja manipular así. Sobre todo porque, esa misma verdad está, a la vez, intentando ser clasificada -manipulada- por otros millones de observadores-observados que están igual de frustrados.  
Hoy, la ciencia física nos demuestra de forma experimental e incuestionable, que la mera observación de la realidad ya influye sobre ésta. Sí. Como si tuviésemos una suerte de poder mental que modula la realidad con solo observarla. Se le llamó el experimento de la doble rendija. Podréis encontrarlo fácilmente si no lo conocéis. Pero no os hagáis ilusiones respecto a tener poderes sobrenaturales, porque Aristóteles, Descartes, Einstein o Newton siguen siendo muy cabezotas.
Pero no creáis que he tenido ninguna revelación al respecto. Observar al que me observa solo me aclara que existen, quizás, tantos “yo” como personas con las que me he cruzado en la vida. Cada una tiene una foto mía. Quizás me consuele quedándome con las menos agrias y desenfocadas.

Quizás, al final, no sea tan mala idea votar a alguien que se llame Antonio. La verdad, es que al municipio le ha ido bastante bien con la cadena de Antonios que lo han gobernado y, a lo mejor, no es el momento de explorar desconocidos caminos con Pepes, Pacos, o Manolos. Por eso, aunque conozca la verdad, y ésta es que el azar es caprichoso, si eres de los alrededores de Alicante, no lo dudes: ¡vota por un Antonio! Los de otros territorios podemos elegir candidatos con nombres evocadores y románticos. Qué más da. ¡Si sólo son una foto!

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