UNA TARDE CUALQUIERA.
Hoy ha sido intensa. La reunión terapéutica, digo. Quizás por momentos claustrofóbica: encerrados en nosotros mismos, creyéndonos únicos y especiales, nos experimentamos cobardes, constantemente agredidos, ninguneados, amenazados, ofendidos... Y es que fuera del grupo, a veces, ¡hace tanto frío!
Hoy, ha arrancado un compañero hablando de sus intentos de suicidio. Así, a pelo. Y así, a pelo, ha resultado ser una bofetada nada cariñosa a mi soberbia, mi autosuficiencia y mi vanidad. Vuelvo a recordar que, por muchas metas alcanzadas, por muchas veinticuatro horas de abstinencia que haya acumulado, estoy y estaré siempre a 50 centímetros del desastre: la medida de mi antebrazo, que es la distancia entre mi boca y una copa. Solo desde la aceptación de esa realidad puedo construir algo sólido en mi vida.
También se habló de celos... ¡Ay los celos! Sentimiento tan literario como destructivo, la celotipia, como cualquier desorden emocional y psicológico, llega a ser causa de una profunda infelicidad. Además tiene similitudes con el alcoholismo en cuanto que es una enfermedad progresiva y, al igual que esta, también puede llegar a ser mortal. Tiene otra similitud: transciende al propio enfermo/a y afecta gravemente a su círculo más cercano. Por ello, cuando se convive con una persona celosa, debemos tener en cuenta, sobre todo, con una persona que tiene miedo: al rechazo, a "no ser suficiente", a la soledad, al engaño... Es, básicamente, un problema de autoestima. Aunque los celos delirantes pueden formar parte de la colección de problemas del alcohólico activo, es importante que no olvidemos que, cuando afectan a la pareja del enfermo, es también una persona co-enferma, con todo lo que esto significa.
Y de los hijos. También hablamos de los hijos. Aunque de este tema, largo y farragoso, creo que haré alguna que otra entrada específica más adelante: lo espinoso del tema merecerá reuniones al efecto, que me revelen experiencias y testimonios que aclararán algunas oscuridades. Ya os contaré.
Y de lo que menos se habló, fue del tema de hoy: logros y metas. Seguramente se habló menos de ello porque todos estábamos de acuerdo en que nuestras metas estaban logradas al menos por hoy: vivir un día más. Pero no de cualquier manera: únicamente de la manera que, libres y conscientes, hayamos elegido.
Al final he salido con la sensación de que por algún sitio se me ha pinchado el ego y, cuando me he visto chorreando, desparramado fuera de mí, me he dado cuenta de que no era el señor de ningún castillo. Menos aún del "Castillo Interior" de Teresa de Jesús, vacío de deseos y lleno de Esperanza. No. He visto "mi casa" desde afuera. Y me he visto mas bien como el vecino huraño, egoísta, asustado y escondido de un minúsculo apartamento-celda, rodeado de miles de vecinos que también creen ser señores de algún castillo, hacinados todos en el feo barrio de los convencionalismos...

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